La Sociedad de Endocrinología de EEUU acaba de sacar a la luz una Guía de Práctica Clínica que aconseja y orienta a los profesionales sanitarios sobre cómo prevenir y tratar la obesidad infantil. Titulada “Obesidad Pediátrica: Evaluación, Tratamiento y Prevención, ha sido recogida en el útimo ‘The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (JCEM)’, la publicación de la propia institución.

El documento recoge además recomendaciones sobre cómo evaluar a los niños afectados por complicaciones médicas o psicológicas derivadas de su exceso de peso, cuándo evaluar las posibles causas genéticas raras de la obesidad y cuándo se debe considerar la prescripción de medicamentos o cirugía para la población infantil de alto riesgo.

La obesidad pediátrica es un problema internacional omnipresente. Sólo en EEUU, el 17% de los niños y adolescentes de entre 2 y 19 años  la sufre, según datos extraidos entre 2011-2014 por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Atlanta.
El diagnóstico de obesidad en este sector de la población se realiza cuando el índice de masa corporal (IMC) está entre el percentil 85 y 95 para su edad y sexo. La obesidad extrema se considera cuando el IMC es mayor o igual al 120 por ciento del percentil 95.

“Las modificaciones intensivas en el estilo de vida, centradas en la familia, para que fomenten una dieta saludable y la actividad física siguen siendo el enfoque central para prevenir y tratar la obesidad en niños y adolescentes”, ha declarado Dennis M. Styne, MD, del Centro Médico Davis de la Universidad de California en Sacramento, director del grupo de trabajo que ha desarrollado la nueva guía.

obesidad

En ella se indica, también, que las necesidades no cubiertas por las investigaciones actuales y que deberían tenerse en cuenta en ensayos futuros incluyen comprender las causas de la obesidad pediátrica y sus complicaciones, la prevención y el tratamiento. Además, los estudios son necesarios para examinar cómo los factores ambientales y económicos pueden impulsar cambios culturales mundiales tanto en el seguimiento de una dieta saludable como en la práctica de ejercicio.
Entre las recomendaciones de la guía destacan:

– Los niños o adolescentes con un IMC mayor o igual que el percentil 85 deben ser evaluados para descartar la posible existencia de síndrome metabólico o diabetes.
-Medir los valores de insulina en ayunas en jóvenes con obesidad no tiene valor diagnóstico.
-Los niños o adolescentes con obesidad no necesitan evaluaciones rutinarias para descartar la presencia de trastornos endocrinos a no ser que su tasa de crecimiento sea menor de la esperada para su edad.
-Alrededor del 7% de los niños con obesidad extrema puede tener mutaciones genéticas. La guía sugiere pruebas genéticas específicas cuando la enfermedad se desarrolle precozmente (antes de los 5 años) o exista un posible trastorno de “hiperfagia”o “polifagia”. Es decir, cuando el menor sólo piensa en comer o ingiere grandes cantidades de alimentos para poder sentirse saciado.

Es importante que los profesionales sanitarios conozcamos cualquier nueva guía que nos pueda orientar y ayudar en el día a día para realizar la mejor práctica clínica posible. Por este motivo, el esfuerzo y el trabajo de nuestro colegas estadounidenses a la hora de crear esta nuevo documento es de agradecer y, sobre todo, necesario compartir.